21 octubre 2007

Que no muera La Rosa...


Escucho esta canción de Mägo de Oz mientras escribo esta nota. ¿Por qué? Porque Mägo dedicó en su disco Gaia (2003) esta canción a Juan Antonio Cebrián y al programa del que era capitán: La Rosa de los Vientos.

Ahora Juan Antonio Cebrián ha muerto, de un repentino infarto, y yo siento como si una parte de mí hubiera perdido a un gran amigo, estoy realmente triste. Más de seis años llevo escuchando este programa, Cebrián y su equipo fueron mis compañeros de viaje y aventuras los domingos, y los sábados que lo podía escuchar lo intercalaba con Milenio 3 de Iker Jiménez. He madurado y crecido con este programa, cultural en toda regla, desde sus secciones de misterio, pasando por sus Pasajes de la Historia o sus debates sobre noticias relevantes del mundo científico, tecnólogico o cultural, todo el programa era increíble. Y Juan Antonio era el alma, y ahora nos ha dejado. Pero sólo deseo una cosa, que La Rosa nunca muera, y que ahora Bruno Cardeñosa se ponga al frente de este gran espacio, y siga lo que Cebrián creó hara diez años. Sí, nos faltará su voz, su presencia, pero yo siempre le tendré presente como si fuera un espectador callado. La Rosa de los Vientos debe seguir, no puede morir como lo ha hecho Cebrián, porque los buenos programas nunca mueren.


Juan Antonio Cebrián

DESCANSE EN PAZ, SEÑOR CEBRIÁN

19 octubre 2007

Cuando la peste asola una ciudad...

Paremos un momento a pensar en la ciudad donde vivimos. Pongamos por caso que una epidemia aparece allí, y que la ciudad se ve cerrada, nadie puede entrar, pero tampoco puede nadie salir. Esto es lo que Albert Camus plantea en su novela "La Peste", un magnífico relato sobre el comienzo, desarrollo y final de un estado total de cuarentena que sufre una ciudad a causa de la peste.

Camus nos adentra, nos mete directamente en el mundo de un pueblo tranquilo, Orán, donde no pasa nada especialmente trascendental, tanto para lo bueno como para lo malo. Sus ciudadanos ven la vida pasar, se incorporan a ella como cualquiera de nosotros haríamos. Pero la peste llega, y las cosas cambian. El pueblo se sume en un estado de letargo que va en aumento según van en aumento las muertes, se pasa de las esperanzas iniciales a que todo terminará pronto a un estado de dejadez en la que nadie se plantea ni por asomo que la cosa vaya a acabar.

Conforme vamos avanzando en el libro a medida que van avanzando los días, los meses, y las muertes, por supuesto, asistimos a los cambios de hábitos a los que los habitantes de Orán se tienen que adaptar. Las provisiones empiezan a escasear, el servicio de teléfono está restringido, los cementerios no dan para más. Todo esto lo ve el doctor Rieux desde su no sé si privilegiada posición de médico, viendo las agonías diarias de los afectados, las triquiñuelas varias para conseguir comida, gasolina, o simplemente poder escapar de allí. Los sentimientos además se magnifican, quien tiene alguien a quien ama fuera de las puertas de la ciudad empieza a extrañar y a magnificar su amor hacia esa persona de una manera sobrecogedora, como si realmente esa persona hubiera muerto, esa sensación de saber que nunca podrás volver a ver a ese ser al que tanto has querido, remordimientos aparecen sobre sí debería haberle demostrado más de lo que hice antes de que todo esto empezara....

Poco más puedo contar de la novela, decir está magníficamente escrita y que asistir a ese proceso de transformación de una sociedad entera a causa de una enfermedad ha sido un lujo. Me gusta que no haya acudido a los comentarios metafísicos tan fácilmente recurribles a los que muchos escritores hubieran echado mano. Simplemente Camus, en mi opinión, quiere que nos sentemos y vemos lo que sucede, las reflexiones ya las pondrá la persona si quiere.

Compartí Intimidad con Hilvanes

Siempre es agradable hacer una lectura compartida, saber de manera fehaciente que una persona en el mismo plano espacial y temporal está leyendo lo mismo que tú. Eso nos decidimos hacer Hilvanes y yo en septiembre, y cumplimos lo prometido. Nos decidimos por Intimidad de Hanif Kureishi, un escritor al que yo tenía muchas ganas de leer.

Kureishi en esta corta novela nos abre hacia un mundo familiar donde Jay, un hombre con éxito en su trabajo, una mujer y dos hijos a los que adora. Tiene todo lo que un hombre puede anhelar, una estabilidad a la que a muchos le gustaría llegar. Pero él no es feliz, ha dejado de sentir amor por su mujer e intenta encontrarle un sentido a su vida, pero no lo consigue, y es por ello por lo que toma la decisión drástica de dejarlo todo, abandonar a su familia y empezar de cero. Es a partir de la noche anterior a su partida donde Kureshi nos empieza a tejer una serie de reflexiones sobre lo qué va a hacer y el por qué.

¿Por qué el amor se acaba? ¿Por qué lo que un día se emprendió como un camino para toda la vida ahora ya tiene un futuro tan incierto? Esto se pregunta Jay, no deja de justificar lo que va a hacer. Él es consciente perfectamente de que va a ser algo que va a traer consecuencias, de que va a ser odiado, y por ello, intenta hacer mediante su monólogo interior una repaso de las razones y los motivos por los que va a abandonar todo lo que tiene. Su mujer ya no le causa el amor que antes causaba, ahora la ve como un ser extraño a la que tiene que besar y demostrar cariño, y él no puede con ello. Todo se ha convertido en un tormento, y ni el haber tenido un amante le hace ver más llevadera su vida. Se enamora de su amante, siente lo que sentía en su época por su mujer, pero la amante se va también. Y él se ve de nuevo absolutamente solo, necesita encontrar una nueva razón para seguir adelante, aunque no sea en esa casa.

El libro, en líneas generales, se deja leer, y las reflexiones que sobre la mesa nos pone Kureishi son acertadas y emotivas, pero el libro no da para mucho. Todas estas reflexiones, vistas después de haber terminado la lectura, se quedan en que todas dicen lo mismo aunque tengan palabras distintas, y eso nunca es bueno. No varía en sus justificaciones, porque todas ellas acaban siendo olvidadas por ser tan repetitivas.

Me esperaba mucho más de Kureishi, desgraciadamente.

11 octubre 2007

Si no creyera en la locura, no podría concebir la existencia de Marisa

Para creer que alguien así existe, que alguien como Marisa López Mosquera puede habitar en el mismo plano físico en el que todos y cada uno de nosotros nos movemos, hay que creer en la locura, eso es seguro. Porque hay que estar muy loco para poder llegar a creer que pueda existir ser tan dulce, sensible y puro como ella.

Lo he dicho muchas veces, lo sé, pero lo volveré a repetir. Haber entrado en el foro de Clubliteratura de la Fnac hace ya más de cuatro años ha sido una de las mejores cosas que me han pasado en mi vida. Yo entré a preguntar, tímido, educado, algo sobre la novela 1984 de Orwell, y en pocos minutos ya me sentía como en casa. Gente como Alfredo, Molly, Patita, Fernando Silvestre etc., y por supuesto Marisa, me acogieron nada más llegar. Me hicieron un hueco cómodo en los sofás virtuales en los que ellos diariamente debatían sobre libros, donde se gastaban bromas, era increíble. Yo era un lector inexperto, poco leído, era un lector joven. Pero también era un adolescente, y eso no impidió que me trataran como un amigo más, me hicieron cómplice de dos años de buenos ratos sentado frente a la pantalla de mi ordenador. Me ayudaron a madurar, no solo como lector, sino como persona, aunque ellos no lo crean. Luego el foro desapareció tal y como nosotros lo conocíamos, Marisa hacía poco tiempo que había puesto en marcha su blog, yo me decidí también a abrir el mío. Conservé y conservo sobre todo contacto con ella y con Javo Munguía, y puedo decir que me siento tremendamente afortunado de ello, tremendamente afortunado de haber podido almorzar con Marisa y con Colometa hará tres años, reuniéndonos para el encuentro, como no podía ser menos, en la Fnac de Callao.

Durante estos años siempre le dije a Marisa que sería una gran escritora, que se atreviera, que soñara, que podía escribir libros y ser admirada, porque tanta dulzura desprendida en forma de relatos en su blog puede ser plasmada en un libro, sin lugar a dudas. Ella decía que no. Pero el sueño se ha cumplido. En breve le publicaran su libro de cuentos Si no creyera en la locura, y yo me muero de ganas de que me llegue ya y pueda leerlo, tener por fin el sueño convertido en realidad física, porque no sólo es su sueño, sino también el mío.

Llamadme ñoño, sensiblero, pero cuando aprecias y quieres tanto a una persona como yo aprecio y quiero a Marisa, te sientes en la absoluta obligación que escribir un post como este, un homenaje a 600 km de distancia física, pero a solo centímetros de distancia mental, porque a esta mujer la llevo siempre conmigo.

Espero poder ir a tu presentación en la Fnac, no sólo por ver cómo te bautizas como escritora, sino porque quiero conocer Coruña, pero conocerla contigo. Quiero que me lleves, Marisiña, por los mejores rincones de la ciudad, quiero que me descubras la ciudad en donde habitan tus pensamientos, donde das rienda suelta a tu imaginación. Así que vete buscandome un hostal baratito y cercano a tu casa, que allí me tendrás, si tu quieres.


Si no creyera en la locura

P.D.: Este puente que estaré en Londres, buscaré el número 84 de Charing Cross Roads. No sé si leíste el libro, tampoco sé si la librería Marks & Co sigue existiendo en esa ubicación, creo que no. Pero me plantaré allí, y más que nunca estarás conmigo Marisa visitando uno de los lugares en donde se forjaron las experiencias que dieron vida a uno de los mejores libros que homenajean la pasión por los libros, una pasión que nos une.