15 mayo 2007

Al día siguiente no murió nadie

Así empieza José Saramago su libro "Las intermitencias de la muerte", relato en el que se nos cuenta una situación totalmente inverosímil: a partir del comienzo de un año nuevo en un país de menos de 10 millones de habitantes del cual no conocemos el nombre, la muerte deja de actuar, no muere nadie... A partír de aquí se desarrolla toda una intrincada historia de conspiranoias, mafias y acumulaciones de cadáveres vivos, esas personas ya muertas cuyo corazón sigue latiendo, aunque sea a muy bajo ritmo. Las empresas funerarias ya no tienen su razón de trabajar, teniendo que buscarse otras alternativas, la mafia (mejor dicho, maphia) saca partido a esta situación mediante una serie de actuaciones las cuales no voy a desvelar, el gobierno no sabe que decir, la gente no sabe que hacer con sus familiares vivos-muertos... El caos se apodera de la gente.

Saramago ya se hace uno de mis escritores favoritos con este libro, el tercero que leo de él. Es impresionante la capacidad de este hombre de crear historias a partir de hechos que no son muy comunes, de conseguirles dar un desarrollo coherente y hacer que nos lo creamos como si fuera algo que puede suceder, y de además de conseguir desarrollar bien la historia principal, consigue también sacarse de la manga más de una historia secundaria que se une a la perfección a la historia principal manejando un relato con mucho, mucho jugo. Todo esto lo he encontrado tanto en este libro como en "El ensayo sobre la ceguera" y "Todos los nombres".

Hay una cosa que me gusta especialmente de este libro de Saramago, y es que da vida a la muerte. Aunque pueda sonar contradictorio, nos presenta a la muerte como algo tangible, no en el sentido físico, sino en el sentido humanamente existencial. Esta muerte tiene pensamiento, razonamientos, intenciones y sobre todo dudas, algo que nos caracteriza mucho al género humano. Es como si estuviéramos viendo la historia de un trabajador, un funcionario normal y corriente que trabaja para una cúpula bien constituida, con superiores, el cual tiene que desempeñar una labor, pudiéndola hacer mal, buscar soluciones. Esto quiere decir que aquí la muerte no simplemente es una expresión macabra que está en el libro porque tiene que estar, no, es alguien con dudas y con capacidad de razonamiento y pensamiento sin la cual hubiera sido un poco difícil crear este libro.

Si le tengo que poner un pero a este libro, es que en ciertos momentos echo de menos esas reflexiones de Saramago tan características de él, simplemente en muchos pasajes se limita a describir lo que ve, cuando en muchos de esos pasajes es totalmente necesario una explicación, una reflexión suya que remate la faena, que siente cátedra, vamos. El final, aunque pueda parecer demasiado "pasteloso" y es un poco extraño, guarda una necesaria coherencia con esa personalidad que se le ha querido dar a la muerte.

Buen libro, sin lugar a dudas

4 Comments:

Anonymous Liebre de Marzo said...

Me apunto el libro. Este findesemana escuchaba en la radio un comentarío sobre Saramago y me daba cuenta que estoy en deuda con él. Nunca he leído nada suyo y todos me lo recomiendan. Tomo nota de tu comentario.

21/5/07 16:18  
Blogger El Alde said...

Pues entonces sí, tienes una deuda con él. Yo te aconsejo que te leas primero "Ensayo sobre la ceguera". Un saludo

24/5/07 16:54  
Anonymous Anónimo said...

Como dato interesante. Casi al finalizar la lectura del libro, Saramago juega a relacionar éste libro, con el de "Todos los Nombres", al comparar a don José con el Violonchelista, quien llevaba una vida teóricamente ajetreada. Sería interesante, darle otro vistazo al libro y encontrar la paradoja.

Saludos.

Bernavé.

24/7/07 01:13  
Blogger El Alde said...

Muchas gracias por pasarte por aquí,y bienvenido. Interesante dato.

Saludos

24/7/07 15:19  

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